enero 12, 2022

Los tambores parlantes de África

Utilizados desde hace siglos por los griots, como se conoce aquellos trovadores de la tradición oral africana que recorren las calles de los pueblos yoruba, hausa, dagomba y soninké, desde los días del imperio de Ghana y, más adelante, del imperio medieval de Malí, los tambores parlantes son capaces de imitar tonos y patrones de lenguaje, fungiendo como un efectivo medio de comunicación capaz de llevar mensajes de una aldea a otra en tiempo récord.

Los tambores parlantes son típicos del África occidental, tienen forma de reloj de arena o doble cono y, a través de los golpes y la regulación de la tensión de sus cueros, pueden imitar el lenguaje y la fonética humana.

La mecánica es sencilla y efectiva. Cada extremo del tambor, o cada cono, posee un cuero. Ambos se encuentran conectados por varios cordones, los cuales, al ser tensados, permiten al intérprete modular el tono del sonido que emite. Así pueden generar frases complejas, si bien lo que se percibe es similar a un susurro o murmullo.       

Historia

Se les considera de los instrumentos más antiguos utilizados en el África occidental. Su historia se remonta al imperio de Ghana, nacido en el siglo VIII en el área que actualmente abarca ese país, el sudeste de Mauritania y parte de Malí, mientras que también posee sus orígenes en los pueblos yoruba y hausa.

Entre algunas de las variantes de tambores parlantes tenemos el dundun; en sus tres tamaños que son el kenkeni, el sangban y el doundounba; también existe el djembé, el fontomfrom, el tama, el lunna y el ngoma.

Este tipo de tambores se encuentran en el oeste de África, y en ciertas regiones del norte de Camerún y Chad.      

Instrumentos como el tama eran utilizados en ceremonias de la antigua religión serer, muy presente en lo que actualmente es Senegal y Gambia. Allí los griots también la utilizaban para realizar el llamado a las armas, en caso de guerra, o para transmitir mensajes de la realeza, así como dar noticias sobre la región.

El uso de los tambores parlantes fue notado por los exploradores europeos durante la primera mitad del siglo XVIII. Pronto se dieron cuenta de que podían enviar mensajes muy precisos de un pueblo a otro, siendo más rápido que otros medios más populares como el caballo.

Durante el siglo XIX el misionero Roger T. Clarke se dio cuenta de las señales, que describía como tonos y sílabas, emitidos a través del tambor para emular los lenguajes tradicionales de aquellas regiones africanas.

El escritor y periodista estadounidense James Gleick, también relata, en su libro La información: Historia y realidad, como el capitán británico William Allen descubrió, durante una expedición en el río Níger, como un tripulante camerunés escuchaba concentrado el sonido de unos tambores lejanos, explicando al oficial que aquella percusión le hablaba. Explicaba que le pedían que saliera a cubierta, comprendiendo el inglés la precisión de aquel sistema de comunicación.    

Al igual que el chino, muchos lenguajes africanos son tonales, lo que quiere decir que el contorno de la frecuencia con el que se pronuncia cada sílaba sirve para crear contrastes fonológicos y pares de palabras o frases que difieren únicamente en un fono.

La lengua yoruba es tonal, y es basada en una escala tritónica, por lo que se encuentra constituida por una sucesión de tres sonidos diferentes. Este principio se utiliza también con los tambores parlantes que emergieron de este pueblo africano.

En un principio los europeos no entendían como era posible transmitir mensajes complejos sin el uso de vocales o consonantes, solamente con tonos. Fue el autor John F. Carrington, quien vivió por años en África, quien explicó algunos principios del lenguaje de los tambores parlantes en su obra The Talking Drums of Africa. Por ejemplo, se dio cuenta que para referirse al género masculino usaban tonos graves, mientras que para el femenino utilizaban agudos. Entendió el valor de las pausas, así como la emulación de las tonalidades propias de los lenguajes regionales. Comprendió además que existían frases que se transmitían completas siempre, lo que hacía que este método de comunicación fuera mucho más largo que hablar normalmente, pero sumamente efectivo para prevenir ataques o anunciar ceremonias. Es decir, cada palabra era agregada a una frase ya establecida dentro del código, lo que haría redundante el mensaje, pero provee de contexto lo que se informa.

Por ejemplo, el mensaje «vuelve a casa» sería traducido por el griot como: «Has que tus pies te traigan de nuevo por el camino por el que te fuiste, has que tus piernas te traigan de regreso por donde te llevaron, planta tus pies y piernas en la villa que nos pertenece». Son frases ya existentes, a las que se agregan palabras que ilustran el mensaje.

Estas frases nunca serán lanzadas al azar, al momento de ser aprendidas a tocar por el griot, aprenderán una oración acorde a cada palabra. De más está decir que esto hace que sea un lenguaje bastante complejo de conocer y dominar. Además que para los no familiarizados puede generar grandes confusiones, debido a la sensibilidad que existe con respecto a los tonos.

Con el tiempo aparecieron otros métodos de comunicación que restaron la popularidad de los tambores parlantes. De hecho hay quienes afirman que para el momento que el mundo occidental comenzó a comprender este lenguaje, ya se encontraba en decadencia. Sin embargo, siguen formando parte del panorama musical del África contemporánea.

Los tambores parlantes hoy

Desde el siglo XX los tambores parlantes protagonizan buena parte de la música popular del oeste africano. En el mbalax senegalés siguen muy presentes, así como en los géneros fuji y jùjú de Nigeria.

No son pocos los músicos occidentales que han hecho uso de este recurso en sus trabajos. King Crimson los utilizó en su álbum Larks’ Tongues in Aspic, Tom Waits en el disco Swordfishtrombones y Erykah Badu en el tema My People.

Uno de los grandes intérpretes de tambores parlantes de Nigeria, el músico Sikiru Adepoju, colaboró con artistas de la talla de Grateful Dead, Stevie Wonder y Carlos Santana.

El percusionista brasilero Naná Vasconcelos  también se ha especializado en este arte.

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