mayo 28, 2019

Una guía sobre la música de Mauritania

La industria musical en Mauritania es casi inexistente. No hay salas de concierto, disqueras, distribuidoras o publicaciones sobre el tema. El primer estudio de grabación fue abierto alrededor de 2003. Sin embargo, ante un panorama tan desolador existe una pequeña pero interesante escena, que trata de abrirse su lugar en el mundo.

Entre Marruecos, Senegal, Mali y el océano Atlántico se encuentra la República Islámica de Mauritania. Si bien sus vecinos poseen escenas musicales reconocidas internacionalmente: Senegal dio al mundo a Youssou N’Dour y el género mbalax, Marruecos a Hassan Hakmoun y la música gnawa, y Mali a Ali Farka Touré y el blues del desierto, al hablar de Mauritania suele surgir un silencio.

La realidad es que en este país también existe una rica cultura musical, sólo que menos conocida. El nombre Mauritania, provine de la palabra maure en francés, que significa moro. Lo que representa un punto de partida para conocer la música del país, ya que este grupo étnico, que reúne influencias tanto bereberes como árabes, caracterizado además por un ritmo de vida nómada, es el protagonista.

La música mora tiene varias ramas, una popular, enfocada en canciones de cuna, trabajo, cortejo, pastoreo, juego y religiosas, y otra que se enfoca en los griots, o iggawin, como les llaman en Mauritania. Los griots son una suerte de juglar, músico ambulante, cuentacuentos itinerante y guardián de la tradición oral del noroeste africano.

En la sociedad mora, la casta iggawin, es decir la de los músicos o griots, es la más baja. Usualmente cantaban para celebrar las hazañas de grandes guerreros, o recordar epopeyas históricas ocurridas en el país. También podían cantar en ocasiones para enaltecer a algún personaje público, que les pagara por actuar.

Los iggawin también fungían como mensajeros, a modo de trovador, transmitiendo mensajes en diferentes aldeas del país.

Las bodas son una de las ocasiones más importantes para los iggawin, donde tienden a amenizar la velada, aunque también se les contrata para que hagan recitales privados, donde se pone a prueba no sólo su capacidad musical, sino sus dotes poéticos.

Hay quienes creen que la música mauritana no es fácil de digerir, tildándola de austera y seca, como el país mismo. Y que no es tan pegajosa como la rumba congoleña o el highlife de Ghana, sino que requiere de una mente abierta y un poco de tiempo para asimilarla.

Los instrumentos tradicionales de Mauritania son el tidinit, una especie de laúd de cuatro cuerdas, y el ardin, un implemento interpretado por mujeres, muy parecido a la kora. En la percusión se cuentan el tbal, parecido a un timbal, y la daghumma, que es idiófono.

Regional y étnicamente, existen también varias maneras de interpretar la música en Mauritania: la Al-bayda, asociada a los moros bidan, casta aristocrática del norte de África, de piel más clara; la Al-kahla, asociada a los moros haratines, o subsaharianos, de piel más oscura, donde abundaban los esclavos; y la l’-gnaydiya que es una mezcla de ambas.

Estos tres tipos se dividen a su vez en varios modos de ejecución, entre los que se cuentan: karr y fagu, ambos Al-kahla, lakhal y labyad, ambos Al-bayda, pero asociados a las emociones humanas durante periodos de vida, y lebtyat, también Al-bayda, pero esta vez enfocado en la espiritualidad y la vida después de la muerte.

Artistas

Un buen punto de partida para abordar la música de Mauritania es Jheich ould Abba, un intérprete que creó en 1976 un estilo llamado jakwa, nombre inspirado en los jets de guerra franceses que volaban sobre Mauritania, durante la guerra del Sahara Occidental. El jakwa es un ritmo bailable, que suele contar con la participación del público. Abba tocaba el tidinit, generando patrones rítmicos que evocaban melodías clásicas moras. Las pocas grabaciones que existen de Jheich ould Abba fueron realizadas durante presentaciones en vivo, y fueron trasladadas a casetes.

Acutalmente su hijo Idoumou ould Jheich ould Abba continua tocando en la capital, Nuakchot, manteniendo vivo su legado, convirtiéndose además en uno de los artistas más solicitados.

El músico Hammadi Ould Nana fue el primero en tocar jakwa con guitarra eléctrica, dándole una textura más moderna y psicodélica al género, utilizando además efectos, como la distorsión.

Otros músicos muy importantes de la escena musical mauritana son los hermanos Noura Mint Seymali y Sidi Ould Seymali, hijos de uno de los compositores más importantes del país: Seymali Ould Ahmed Vall. Su padre fue el primer magrebí en estudiar música formalmente, en el conservatorio de Bagdad. Por otro lado, su madrastra Dimi Mint Abba, era una cantante muy reconocida en la región, apodada la Diva del Desierto.

Noura Mint Seymali comenzó a componer junto a su madrastra desde muy joven, llegando a cantar con ella en vivo, como corista. Gracias a las enseñanzas de su familia, aprendió a tocar el ardin, así como pulir su presencia en tarima.

Tras casarse con el guitarrista Jeiche Ould Chighaly, los matrimonios dentro de la misma casta iggawin son sumamente comunes, Noura comenzó a tocar en bodas junto a su marido, llegando a formar su primera banda en 2004. Tras lanzar dos álbumes a nivel local, volvieron al estudio a grabar su primer LP, titulado Tzenni. El disco fue publicado por Glitterbeat Records en 2014, y ha permitido a la banda tocar alrededor del mundo, en diversos festivales.

Por su parte Sidi Ould Seymali toca constantemente en Nuakchot, manteniendo vivo el legado de su padre.

No se puede hablar de la música de Mauritania sin nombrar a una de sus cantantes más importantes, y cuya carrera ha sido trascendental para la historia de esa nación africana, se trata de Malouma Mint El Meidah, conocida popularmente como Malouma.

Proveniente del suroeste del país, de una familia de músicos tradicionales, Malouma empezó a cantar desde temprana edad. Uno de sus primeros éxitos fue la pieza Habibi Habeytou, que hablaba sobre la violencia doméstica. Dicha canción le trajo problemas con las castas tradicionales dominantes. Tras contraer matrimonio, se vio obligada a abandonar el canto por años, hasta 1986.

Malouma fue una de las primeras cantantes que mezcló la música tradicional mora con blues, jazz y electrónica. Llegó a aparecer en televisión, difundiendo mensajes de igualdad, feminismo y contra la pobreza, aunque en la década de los noventas fue censurada en Mauritania, por lo que se vio forzada a dar conciertos en el extranjero.

Tras el levantamiento del veto, Malouma ganó popularidad con las generaciones más jóvenes. Su disco más importante es Knou, publicado en 2014, incluye letras que hablan de derechos humanos y el lugar de las mujeres en una sociedad tan conservadora como la mauritana.

Malouma también ha llevado a cabo una iniciativa titánica para proteger el legado musical de su país, llegando a instar al gobierno que creara una escuela de música, organizando una fundación para ello, así como un festival artístico.

Malouma estuvo activa en política, desde los años noventa, haciendo campaña por la democracia. Llegó a ser senadora en 2007, la primera política de la casta iggawin, pero al año siguiente fue arrestada después de un golpe de estado. Volvio al senado en 2009, proponiendo diversas iniciativas en pro del medio ambiente. Su trabajo le ha valido diversas condecoraciones por parte de Francia y Estados Unidos.

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