noviembre 8, 2022

¿Jo Jones lanzó un platillo a Charlie Parker durante una jam session?

La extraordinaria película norteamericana Whiplash, estrenada en 2014, popularizó esta anécdota que involucraba a uno de los saxofonistas más importantes del jazz, Charlie Parker, quien habría sido humillado, a inicios de su carrera, durante una improvisación en directo, en la que también participaba Jo Jones, baterista de la Orquesta de Count Basie, una de las bandas de swing más importantes de los Estados Unidos.

Uno de los momentos determinantes del aclamado filme Whiplash ocurre durante el primer conflicto entre el director de orquesta Terence Fletcher, representado de manera magistral por J.K. Simmons, quien obtuvo un Oscar por este papel, y el baterista Andrew Neiman, encarnado por Miles Teller. Fletcher, implacable, perfeccionista y terriblemente exigente, reclama a Neiman que toque la pieza que da nombre a la película, ni un pelo por detrás o por delante de su tempo. Después de hacerlo parar varias veces, el director toma violentamente una silla de metal y la lanza a la cabeza de su alumno.

Más adelante, en una situación menos tensa y en un contexto de menor dramatismo, Fletcher contará a Neiman la historia de una fatídica noche en el Reno Club de Kansas City, en el cual un indignado Jo Jones lanza un platillo, dirigido a la cabeza de un novato Parker, casi decapitándolo, tras haber perdido el tono, y luego el ritmo, durante una improvisación. Terence asegura que, tras la humillación, Parker vuelve derrotado a su casa y se queda dormido en un mar de lágrimas. Sin embargo, al día siguiente despierta y ensaya, y ensaya, y ensaya, hasta que un año más tarde, en ese mismo lugar, ejecuta uno de los mejores solos en la historia del jazz.

Resulta que la historia que cuenta Fletcher no es enteramente cierta, si bien está basada parcialmente en un hecho que ocurrió.

Una noche de 1937

Fue durante una noche de 1937, cuando un prometedor saxofonista adolescente, llamado Charlie Parker, se unió a una cola de músicos que esperaban para tocar en el escenario del Reno Club de Kansas City. Era una ocasión especial. La estrella invitada para esa velada, en la sección rítmica, fue Jo Jones, el célebre baterista de la Orquesta de Count Basie, una de las bandas de swing más importantes de los Estados Unidos en aquel momento.

Charlie Parker, quien apenas contaba con 16 años, pensó que había llegado su momento, y estaba preparado para brillar. Desde hacía meses había practicado un método de improvisación personal, utilizando tonos raramente empleados en el jazz, y modulando entre ellos para liberar nuevas formas de fraseo. Además, se había comprado un nuevo saxofón, marca Selmer.

Cuando finalmente pudo llegar a la tarima, Parker hizo un interesante juego de notas sobre los acordes de I Got Rhythm de George Gershwin que a Jones, a juzgar por sus facciones y desenvolvimiento en la batería, pareció gustarle. Entonces Bird introdujo un acorde de paso, improvisó con fluidez en un nuevo tono, y sintió la intrigante sorpresa del público y de la banda.

Fue en aquel momento que las cosas empezaron a ir mal. Un músico con formación universitaria podría haberle cantado el siguiente acorde en un instante, pero Parker era un desertor de la escuela secundaria con mucho por aprender aún. Mientras el pulso de Jones se aceleraba detrás de él, el adolescente perdió la melodía, y luego el ritmo. Jones se detuvo, y Parker se congeló, aferrándose a su reluciente saxofón nuevo.

Fue entonces cuando Jones arrojó despectivamente un platillo a sus pies, no con dirección a su cabeza como decía Fletcher. El desplante despertó las risas del público y los inevitables abucheos.

Hay quienes dicen que, al salir del Reno Club, Parker susurró un «volveré», cosa que finalmente hizo alrededor de un año después comenzando una revolución que cambiaría el jazz para siempre.

Es cierto que el gesto de Jones motivó a Parker a seguir practicando, pero pocos dudan que el genio y la creatividad del saxofonista solamente dependiera de la disciplina o la velocidad, algo que pareciera ser una obsesión dentro de Whiplash.

En la película se construye un paralelismo entre Fletcher y Neiman, y el episodio entre Jones y Parker. Durante toda la película, Fletcher presiona despiadadamente a Andrew para lograr moldearlo a su voluntad. Al aguantar tanto abuso, pareciera que no sólo Terence, sino también Andrew, creen realmente que esto es lo que se necesita para lograr traer al mundo otro Charlie Parker. Y es cierto que al final de la película, Neiman logra redimirse como Parker: llevando la batuta en una actuación en la sala de conciertos dirigida por Fletcher, tocando un sorprendente y extenso solo de batería, que culmina con la aprobación entusiasta no sólo del público, sino también de su maestro.

Al final, quizás la obsesión de Fletcher con esta historia, cambiándola incluso un poco para justificar sus métodos inconcebibles, lo desenmascaran como un profesor cruel y despiadado, que usa la manipulación para que sus atrocidades no sean cuestionadas.

La historia de Jones y Parker es una de un desplante puntual, más que de abuso psicológico, e incluso físico, constante como ocurre entre Fletcher y Neiman. Por lo que no dejan de ser reprochables los métodos del siniestro personaje, aunque, en la vida real y en el filme, el resultado haya sido el mismo: ambos músicos lograron mostrar sus dotes en su máxima expresión.

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