febrero 19, 2015

Songhoy Blues: «Nos convertimos en refugiados por ser músicos»

La agrupación maliense Songhoy Blues nace de la adversidad. Originarios del norte del país, específicamente de Tombuctú y Gao, se ven obligados a huir de la región en 2012 tras la llegada de grupos radicales islámicos que prohíben la música y persiguen a los artistas. Son tiempos de guerra en el norte de Mali, donde los rebeldes controlan vastas áreas del país. Los integrantes de Songhoy Blues se dirigen al sur y se instalan en Bamako donde, por fortunas del destino, conocen al productor Marc-Antoine Moreau, quien a su vez trabaja para el proyecto “Africa Express” de Damon Albarn, Brian Eno y Nick Zinner. El resto es una historia de giras, grabaciones y éxitos. Su primer álbum, titulado “Music in Exile” (Música desde el exilio) fue publicado a finales de febrero.

Huyeron de la guerra, del fundamentalismo y de la irracionalidad religiosa. Un día presenciaron la prohibición de la música en la región que los vio nacer. Era impensable que sucediese algo así en el país de Ali Farka Touré, de Toumani Diabaté, de Salif Keita, de Amadou & Miriam, de Oumou Sangaré, de Tinariwen y de los grandes del blues del desierto. Mali pasaba un momento terrible y a Songhoy Blues le tocó vivirlo en el corazón del conflicto.

Songhoy Blues nace en Bamako, Mali, aunque tres de sus miembros provienen del norte del país, de las legendarias ciudades de Gao y Tombuctú. Desde muy jóvenes estuvieron en contacto con la rica escena rítmica maliense por lo que su inclinación por la música no es de extrañar. Se conocen en Tombuctú debido a sus intereses comunes. Todos tocaban por su cuenta y ejercían la profesión artística individualmente.

En 2012 ocurre un golpe de estado en Mali, lo que desencadena un período de inestabilidad que condicionará la aparición de grupos rebeldes en el norte del país. Uno de los más grandes y activos es Ansar Dine, quienes conquistan importantes extensiones del norte maliense, incluyendo las ciudades de Gao y Tombuctú. Al poco tiempo comenzarán a implementar las leyes islámicas de la Sharía, las cuales prohíben la música. Por lo tanto, los artistas pasan a ser perseguidos por las insensatas huestes que se han hecho con el poder.

Los integrantes de Songhoy Blues huyen a la capital: Bamako, en el sur de Mali, lejos de las zonas controladas por los rebeldes, y donde el gobierno sigue ejerciendo funciones. Es allí donde realmente se gesta la banda. Sumidos en la tristeza, deciden formar la agrupación, con la incorporación de un baterista originario de Bamako, y comenzar a tocar de nuevo. Otros en su situación, emigrados del norte que han llegado a la capital en busca de estabilidad y huyendo de la guerra, serán los primeros que los inviten a tocar a sus casas, a sus fiestas y a sus bodas.

Es en uno de estos conciertos, en un bar de Bamako, donde conocerán a Marc-Antoine Moreau, quien trabaja en el proyecto Africa Express, de Damon Albarn, Brian Eno y Nick Zinner. Africa Express es un canal para la colaboración entre músicos occidentales y africanos, así como para la difusión de la cultura y la música de África. Songhoy Blues aparecerá entonces en el compilado Maison Des Jeunes, con la canción Soubour.

La relación con Africa Express no termina allí, la organización facilitará su venida a Europa, donde comenzarán a tocar constantemente, así como a grabar su primer disco Music in Exile (Música desde el exilio). Paralelamente, los medios empezarán a mostrar interés por el estilo de la banda el cual reúne un poco de blues del desierto, de música songhai, y que ha sido definido por algunos como «R&B del desierto».

Songhoy Blues ha hecho apariciones en directo en canales como la BBC y TV5Monde de Francia. Han tocado, junto a Damon Albarn, en el Royal Albert Hall de Londres frente a miles de personas y ahora, tras lanzar su opera prima a finales de febrero, se preparan para lo que será un año de gira y promoción.

Uno de los integrantes de la banda, el cantante Aliou Touré, conversó con Ritmos Globales para relatar su visión de la sorprendente y turbulenta historia de esta banda maliense.

—Su banda posee diversas influencias de artistas celebres de la música de Mali, especialmente de Ali Farka Touré, y de bandas tuareg como Tinariwen y Tamikrest. Sin embargo, ustedes han logrado crear un sonido propio, hay quienes lo llaman “R&B del desierto”. ¿Cómo lo definirían ustedes?

—Se trata de la nueva generación de la música africana. Pienso que nuestro aporte ha sido transmitir la historia de nuestro país con un toque de juventud y energía. La música es una parte importante de nuestra cultura. Está bien si la gente nos quiere definir como una agrupación de música europea, blues o R&B. De igual manera, tratamos de resaltar nuestras raíces tuareg y songhai.

—¿Cómo era la escena musical del norte de Mali con la cuál crecieron? ¿En qué momento les llamó la atención hacer música?

—La música de Malí es interesante porque es muy diversa, con sonidos, ritmos y lenguas diferentes. Como dije antes, es un país musical. Mali es una tierra muy caliente y, es de allí, de los campos, de nuestros desiertos, donde se originan melodías tan variadas. En lo que a mí se refiere, comencé a hacer música hace aproximadamente 10 años. Desde el 2005 he estado muy involucrado en el medio musical.

—Háblanos de los primeros días del grupo en Tombuctú y Gao. ¿Cómo nació la idea? ¿Cómo se conocieron?

—Cuando nos conocimos éramos estudiantes. Fue en esa época universitaria que descubrí el bar donde conocí a los demás integrantes de Songhoy Blues. Comenzamos a hablar sobre música, aunque nunca tocamos el tema de trabajar juntos sino hasta 2012 cuando se desató la crisis del norte de Mali luego del golpe de estado. La música en la región de Gao y Tombuctú pasó a estar prohibida con la llegada de los rebeldes. Nosotros éramos músicos y estábamos en la mira por lo que tuvimos que huir. Fue después, en Bamako, que surgió la idea de realizar el proyecto, algo que nos hiciera salir del estado de tristeza en el que estábamos sumidos. Decidimos crear el grupo y todo ha fluido perfectamente. Songhoy Blues nació de la adversidad.

—¿Cómo fueron los hechos que los llevaron a huir del norte de Mali a Bamako? ¿Cómo fue la llegada de Ansar Dine a Tombuctú? ¿Qué clase de personas eran Ansar Dine?

—En el 2012, luego del golpe de estado en Malí, hubo una crisis política que desencadenó hechos graves, sobre todo en Gao y Tombuctú, ciudades que fueron tomadas por rebeldes. Mali tiene un vasto territorio desértico que no es utilizado y fue por allí por donde entró el grupo Ansar Dine. Ellos llegaron y quisieron imponer la Sharia (ley islámica). Es una banda armada y se trata de personas nómadas de diferentes nacionalidades. Algunos dicen ser somalíes, argelinos, burkineses o pakistaníes. La música en Gao y Tombuctú pasó a estar prohibida, nosotros éramos músicos, por lo que de alguna manera nos vimos forzados a trasladarnos al sur, a la capital: Bamako. Nos convertimos en refugiados, en nuestro propio país, por ser músicos.

—¿Qué hubiese pasado de no haber huido?

—Era una cuestión de vida o de muerte.

—¿Cómo fue la llegada a Bamako? ¿Cómo fueron los primeros conciertos en esa ciudad?

—La primera vez que comenzamos a tocar juntos fue en una boda, pues en Bamako había muchos desplazados que habían dejado sus ciudades atrás. Allí había gente que conocía de mí y me contactaron para animar el evento. Necesitaba músicos, ya que no podía hacerlo solo y fue en ese momento que llamé a los demás. Nos reunimos, hablamos de trabajo y concluimos que sería una buena ocasión para divertirnos. Todo fluyó muy bien, e incluso después de esa boda comenzamos a recibir invitaciones para llevar nuestra música a otros lugares. Pensamos que sería una buena idea seguir juntos y hacer un proyecto musical. Fue así como nació la agrupación.

—¿De dónde proviene el nombre Songhoy blues? ¿Tiene que ver con el género songhai que tocan?

—Bautizamos a la agrupación bajo el nombre de Songhoy Blues en homenaje a nuestra cultura y a los desplazados. Nosotros nos sentimos orgullosos de nuestra lengua songhai, el lenguaje del campo. Además, el Imperio Songhai fue el más grande que África haya conocido. Llegó a unificar buena parte del continente. Países como Níger, Mali, Burkina Faso, entre otros, forman parte de la cultura songhai.

Algunas de sus canciones hablan específicamente sobre los beneficios de la música y los instrumentos sobre la guerra y las armas. ¿Cómo es actualmente la situación al norte de Mali? ¿Triunfaron las armas sobre las guitarras?

—Actualmente, la situación en el norte de Mali es muy tensa y se siente mucho miedo en el ambiente. La gente vive en el miedo. Hay armas y fuerzas militares por todos lados, lo que quiere decir que la situación no está bien. Afortunadamente, hay cada vez más personas interesadas en la música porque nuestra cultura musical es muy rica.

—En Bamako conocieron a Marc-Antoine Moreau, quien a su vez los pondría en contacto con el proyecto Africa Express y la compilación Maison Des Jeunes. ¿Cómo ocurrió este encuentro?

—Conocí a Marc-Antoine Moreau en Bamako. Un tío que se llama Barou Diallo, bajista de Alí Farka Touré, nos dio su número. Yo lo contacté y lo invité a que viniera a ver el grupo. Él estaba trabajando con otros productores extranjeros, entre ellos Damon Albarn y Brian Eno, en el proyecto “Africa Express”. Moreau fue a vernos a un bar donde teníamos la costumbre de presentarnos los fines de semana. Ese día nos vio en escena y le gustó nuestro estilo. Dos días después, recibimos su llamada para invitarnos a grabar para Africa Express. Allí estaba presente Nick Zinner (guitarrista de Yeah Yeah Yeahs) con quien luego produciríamos nuestro primer single titulado Soubour. Todo cambió positivamente para nosotros a partir de ahí. Era una nueva etapa en nuestras vidas.

—El 2014 fue un año muy movido para ustedes. De estar tocando en Mali, huyendo de la guerra, llegan a Europa, son publicados en compilados, graban un disco, tocan con Damon Albarn, medios europeos se muestran interesados en Songhoy Blues, tocan en el Royal Albert Hall frente a miles de personas. ¿Cómo han sido para ustedes estos últimos meses?

—Era como un sueño que estábamos viviendo. Ha sido una experiencia muy enriquecedora e interesante para la agrupación. Sentíamos que lográbamos nuestro objetivo. Un sueño hecho realidad.

—El tema Soubour pareciera ser un poco autobiográfico. ¿Cuál es la historia tras esa canción?

Soubour significa paciencia. Sin la paciencia nada es posible en la vida. Con esta canción queremos transmitir el mensaje de que todo en la vida se logra con paciencia. No se trata de actuar con odio o con espíritu vengativo sino olvidarse de todo lo malo que nos sucede y pensar que algún día todo lo malo pasará.

—También tienen un single más reciente, llamado Al Hassidi Terei. ¿De qué trata esta canción?

Al Hassidi Terei habla del egoísmo. Si dos personas tienen que compartir dos euros o dos dólares y una de ellas se quiere quedar con uno y medio, mientras que la otra sólo recibe cincuenta céntimos no es justo ¿verdad? El egoísmo es el principal problema en el mundo actual y es por ello que para nosotros es un tema que amerita atención.

—Podrían hablarnos del videoclip de Al Hassidi Terei. ¿Cuál fue el concepto? ¿Dónde lo realizaron? ¿Quiénes aparecen en el videoclip?

—El videoclip de la canción Al Hassidi Terei lo grabamos en Londres, Inglaterra. Es un video bastante representativo y simbólico a través de la puesta en escena. Hicimos el rodaje en la ciudad junto a otros jóvenes como nosotros. De hecho, fue nuestra primera experiencia grabando un video musical.

—Su tema Mali es una suerte de reflexión sobre qué diría el presidente Modibo Keïta sobre la situación actual del país. ¿Cuál creen que sería su reacción?

—La letra de la canción no está tan relacionada con la situación actual en Mali sino con la manera cómo definimos nuestro país. La bandera maliense está compuesta de tres colores que son el verde, el amarillo y el rojo, similar a la bandera rasta. Decimos que el verde significa el verdor de los campos, de la tierra; el amarillo hace referencia a la riqueza y, por último, el rojo simboliza la sangre derramada por aquellos combatientes que lucharon por la libertad. Ahora nuestra bandera tiene otra connotación. Su significado es completamente diferente. Cuando nos referimos al verde de la bandera queremos simbolizar la hospitalidad de Mali, sin embargo, hoy en día no podríamos decir que es un país hospitalario u acogedor, pues a nuestro parecer ya nadie puede ir allí porque simplemente no hay paz. Para nosotros la única riqueza de Mali representada por el color amarillo en la bandera es la riqueza cultural, pero actualmente esa cultura está muerta. El rojo simboliza la sangre que corre por las tierras de Mali, así como la destrucción por parte de aquellos que sólo quieren dividir el país.  No es justo lo que está sucediendo, pero pienso que todo cambio es posible porque lo importante es creer que algún día todo va a cambiar. Tenemos esperanzas, así como también mucha paciencia. Lo que te decía sobre el tema Soubour.

Desert Melodie habla sobre lo que comentábamos antes, dejar la guerra a un lado y recurrir a cosas positivas como la música, también habla de las contradicciones del extremismo. Es una reflexión melancólica ¿Por qué escogieron este tema para tocarlo en el programa Africa Beats de la BBC?

—Podríamos decir que la música es como la labor de un periodista, quien día a día se encarga de escribir un artículo sobre aquello que acontece a su alrededor, incluso lo podríamos comparar con el día a día de un pintor. Para nosotros es lo mismo, pues lo que nos anima es lo cotidiano. Si vivimos en un ambiente de alegría, paz o satisfacción, seguramente cantaríamos sobre el amor. Si vivimos en la guerra cantamos sobre la guerra. Lo cotidiano es nuestra inspiración.

—¿Cuéntenos sobre su participación en la película They will have to kill us first? ¿Cómo ocurrió el encuentro con el director?

—La directora del documental They Will Have to Kill Us First se llama Johanna Schwartz. Ella tenía un proyecto cinematográfico específico y viajó a Mali para llevarlo a cabo. A través de nuestra página de Facebook, Johanna descubrió nuestra historia y buscó la manera de reunirse con nosotros por medio de unos amigos. Nos habló de su proyecto y realmente descubrimos que compartíamos la misma ideología, esa de luchar por la libertad de expresión y de la música. Luego de esa conversación decidimos formar parte de su documental. Fue una gran experiencia.

—El 23 de febrero salió al mercado su primer álbum Music in Exile. ¿Qué tienen preparado para la promoción?

—El lanzamiento del disco Music in Exile tuvo lugar en París, en un concierto que realizamos en esa ciudad. La presentación fue el 19 de febrero en La Maroquinerie. Luego viajamos a Londres donde asistimos a un festival musical y luego a New Castle, donde participamos en un evento de la BBC 6. Tenemos un programa bastante completo en el que habrá muchos espectáculos e invitaciones a propósito del lanzamiento del disco. Estamos muy contentos porque es lo que amamos hacer. Es el camino que hemos escogido.

—¿Dónde grabaron el disco? ¿Quién lo produjo? ¿Tienen invitados?

—El álbum lo grabamos en Bamako, en el 2013. Fue una experiencia inédita porque Nick Zinner viajó desde Nueva York a Bamako. También estuvo presente el dúo musical proveniente de Mali, Amadou & Mariam, así como una cantante oriunda de Tombuctú.

—¿A dónde tiene planeado girar este 2015? ¿Cuáles son sus planes a mediano y largo plazo? ¿Tienen planteado volver a Mali este 2015?

—Aún nos están dando fechas por lo que no puedo ser muy específico. Francia, Reino Unido y Estados Unidos son tres países que recorreremos extensamente este año. Se están discutiendo otros países europeos. Sobre Mali hay posibilidades de que vayamos en abril. En general la gira luce muy prometedora, todo apunta que haremos un buen tour y esa será nuestra prioridad en el 2015.

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